Alfonso Muñoz
Lima, Perú
Viejo bacín.
Los orines tibios
de la abuela.
Maitia: Haiku feista con una enorme sensibilidad. Crea una atmosfera cálida y delicada como el tibio orín, como la abuela... Atrapado en el instante ese orín reciente.
Frutos Soriano: ¡Qué hermosa muestra de haiku feísta! ¡Qué bello puede llegar a ser el haiku, a veces!
Luis Corrales: El mejor haiku feísta de esta edición. Cada palabra en su sitio para una escena cotidiana capturada perfectamente.
La niña coqueta.
Un viejo
se rasca la cabeza.
Luis Corrales: Senryû que nos provoca una inevitable sonrisa. Alfonso tiene, de entre los poetas de La Pizarra, una de las miradas más incisivas y atentas sobre el mundo que le circunda.
Patas arriba,
un bicho toma sol.
Se está durmiendo.
Boquiabierto,
el abuelo mueve y mueve
el mouse.
Katzu: Humor, ironía. Nadie puede escapar de esta imagen controvertida. Lo inesperado: un viejo hombre jugando con lo invisible.
Graciela Chisty: Una viñeta de la vida actual. Poco entiende el anciano acerca de esa tecnología que lo asombra y azora.
Frutos Soriano: Perfecto. Se puede ver y hasta oír.
De noche,
¿existe la mariposa
azul?

Alonso Ramírez
Heredia, Costa Rica
Por la ventana
mil flores secas
observándome.
Mi esperanza
esa flor bajo la lluvia
tambaleándose.
Luces navideñas
como frutas de araucaria
en agosto.
Frutos Soriano: Muy logrado el contraste invierno/verano. Sorprendente.
El río, sucio,
nutre al lirio blanco.
Y comprendo.
Emilce Pinazo: Impactante síntesis de la parte y del todo.

Ángel Lipizano
Cuicuilco, México
Sólo el murmullo
del viento y la hojarasca
rompe el silencio.
José Martel: Precioso haiku que contempla la rotura del silencio por el viento; sin embargo, la falta de viento no es óbice para que el silencio pueda ser oído.
Lejano aroma,
el tulipán cerrado
bajo la luna.
Frutos Soriano: Una rara perfección la de este poema, sugerente, elegante.
Entre la hierba
un caracol se pierde
muy lentamente.
Pasa una nube,
el niño va corriendo
bajo su sombra.
Jordi Climent Botella: Me ha gustado mucho la sensación de ligereza que transmite. Una nube que se desliza en silencio sobre el cielo, y bajo ella, un niño que la sigue. También ligero, también en silencio.
Hubertus Thum: "Busco un país inocente", dice Giuseppe Ungaretti en su poema "Vagabundo". Este haiku es un mensaje poético enviado desde aquel país perdido, tan cercano y distante a la vez.
Frutos Soriano: Un perfecto haiku cómico, según la enseñanza de Vicente Haya: aquel que refleja, con gracia, la alegría de vivir.
Fila de bichos,
las hormigas transeúntes
cruzan conmigo.

Ángel Navarro
Valencia, España
Azul y verde,
entre cielo y mar:
el silencio.
Frutos Soriano: Recuerda a algunos haiku leídos en japonés, por su concisión. Muy logrado.
El viejo olivo,
tocado por el viento
tiembla de frío.

Arthus
Navarra, España
noche sin rocío,
el vuelo de los gansos
trae la primavera
por el sendero
el viento solitario
entre los pinos
Maramín: Evocador de un momento íntimo, se ve al haijin paseando y disfrutando de la compañía de pinos bajo el rumor del viento.
leo a Basho,
pasó la medianoche,
soledad y silencio
sauces y álamos
reflejan el agua
del pequeño lago
Hubertus Thum: Me quito mi sombrero invisible para rendir homenaje a esos dichosos ojos, capaces de percibir la supuesta realidad de una manera tan creativa.
lluvia intensa,
el silencio supera
cualquier intento...
Frutos Soriano: Sí, creemos que el poeta logró silencio, tras el esfuerzo. Y así nos lo hace llegar, humildemente.

Barbarroja
Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), España
Casa de alterne:
oreándose al viento
la ropa interior.
Félix Alcántara: Recoge una imagen llena de sobreentendidos sin pretender ningún mensaje. Logra una naturalidad deliciosa.
Luis Corrales: Una impudicia narrada sin complejos; si los seres protagonistas de una escena son impúdicos, al haijin descarado -que lo es porque ha desnudado su mente de conceptos- sólo le queda observar la realidad y contárnosla tal cual.
Calle empedrada.
El rumor de la lluvia
sobre la hiedra.
Mavi: Huelen la piedra y el verde; suenan la hiedra y los pasos. El movimiento de las hojas dice la suavidad con que la lluvia cae. Si permanecemos un segundo más dentro de este haiku, su wabi-sabi nos calará hasta los huesos.
Bajo las sábanas
en las manos olor
a mandarina.
Virgili: Un contraste, que por sorpresa te hace sentir el olor a mandarina.
Raijo: Escondida en la cama (acaso también en la oscuridad de la noche y casi del sueño), la huella de otro día recordándonos lo sabrosa que es la naturaleza.
Ojos de gato
desde un rincón umbrío.
Viento en la ciudad.
Hubertus Thum: Pienso que los haikus más logrados, como este sugestivo ejemplo, son aquellos que dejan atrás las estrecheces de la causalidad. Los ojos de un gato en el rincón umbrío, el viento: no hay nada en lo que fijar el intelecto, pero nos hallamos de repente en una de las ciudades más impresionantes que hemos visitado.
Lluvia de octubre.
Se agua la tinta
del diario de notas.
Frutos Soriano: Para mí el mejor haiku de la colección que nos presenta Barbarroja en esta edición. Por su frescura y falta de pretensiones.

Bardazoso
Jaén, España
Aún humea,
la pisa con la chancla,
caca de perro.
Bajo la luna,
sobre la calavera,
tres escorpiones.
Escarcha al alba;
la brisa son fragancias
de madreselvas.
Luis Corrales: Acertada combinación de elementos en una fría y atípica noche primaveral.
Canto del gallo:
multiplica el silencio,
antes del alba.
Isabel Pose: Ese segundo verso nos lleva a algo que supera lo que está describiendo, es como si nos ayudara con sus palabras a dar un salto hacia un silencio que atrapa y en el cual dan ganas de quedarse.
El alcaudón,
pinchando al petirrojo
sobre el espino.

Carenye
San Cristóbal, República Dominicana
Una libélula
se relaja en el lago.
Luna de junio.
Hachi Dori: Me parece muy impactante al brillo de la luna que se refleja en la libélula y en el agua frente a la oscuridad de la noche.
Viendo la lluvia,
los viejos flamboyanes
y los mendigos.
Frutos Soriano: ¡Genial! Poesía "adánica", que nombra las cosas, creándolas.
Rosas insólitas,
sobre las ramas secas
tres mariposas.
Francisco Basallote: El tiempo detenido en el flash del haiku. El vacío de las flores lo ocupan -¿un instante?- las mariposas.
Junto a las ruinas
que dejó la tormenta
blancos lirios.
Antigua senda.
En los pinos sanaron
las ramas rotas.
Barbarroja: Tiene este haiku un delicado sabor wabi-sabi. Un viejo camino por el que ya nadie transita, unos árboles que han cerrado sus heridas a base de tiempo, un poeta que intenta no perturbar la escena que ha conquistado musitando a media voz: "antigua senda / en los pinos sanaron / las ramas rotas". Enhorabuena, Carenye.
Frutos Soriano: Para captar este detalle hay que estar muy atento, hay que hacerse uno con lo que se ve. Hay que ser poeta de haiku.

Carlos Rubio Ferrero
Madrid, España
Al amanecer,
la nube de mosquitos
corteja al boj.
Aire tórrido,
prólogo de tormenta,
tumbas el ciprés.
Con parsimonia,
una paloma marrón
come el maíz.

Daniel Felipe Camacho
Bogotá, Colombia
El sol persiste
pese a la llovizna
arco iris sostenido en los cerros
El horizonte lejano
¿cuánta distancia?
el vacío y mi soledad
El camino se fuga
sin ruta clara
confusión en el bosque
Emilce Pinazo: Caos en la naturaleza ¿o en el haijin? En la naturaleza vuelve la paz.

Diego Ariel Vega
Buenos Aires, Argentina
presa en la red
la araña al acecho
¡se rompió la red!
vuela la mosca
Con gracioso devaneo
¡Ups, me la tragué!
miel deliciosa
fluyendo del colmenar
¡Ay, el aguijón!
brincar y brincar
sin descanso alguno
¡Qué saltamontes!
de luz y sombra
oscilante titilar
sos luciérnaga

Elías Dávila
Toluca (Estado de México), México
Este es el árbol
que en tiempo de tormentas
era mi casa
Palmira: Tal vez todos hemos jugado a tener una casa en un árbol; también nos hemos refugiado alguna vez en ellos. Aquí el árbol es algo más que naturaleza: Se convierte en nido, refugio, casa, grata referencia del pasado.
Emilce Pinazo: Sencillamente el ayer, el hoy... ¿el mañana? Instantes.
Frutos Soriano: Digno de un jaiyín itinerante, mendicante. De alguien que ha vivido lo que escribe.
En el lodazal
los zapatos del niño
croan y no hay sapos
Senda de hormigas
se desprende corteza
de un árbol viejo
Leonardo: Dos detalles sin aparente conexión. Sin embargo...
Raijo: Esta imagen me ha hecho detenerme de manera tal, que ha terminado por deshacer las preguntas que sus palabras en un primer momento me suscitaron. Bendita relectura.
Cuando amanece
las golondrinas suplen
a las estrellas
Inés Gallardo: La belleza del haiku en la mirada de un amanecer.
Luelir: Cuando se ve por primera vez es un espectáculo grandioso. Es como el negativo de la noche. Sahagún no es Toluca, pero en un verano de Castilla tuve la suerte de contemplarlo.
Katzu: Hermosa sustitución: Ahora las golondrinas conviven con el alma de las estrellas.
Las rayas negras
la cebra en su pelaje
carga una jaula

Emilce Pinazo
Choele Choel (Río Negro), Argentina
sobre la cama
junto a medicamentos
¡un libro de haikus!
Elías Dávila Silva: En este haiku, Emilce encuentra una gran aproximación de semejanza entre una caja de medicamentos y un libro de haikus. Por semejanza: La caja contiene pastillas que de alguna manera alivian un dolor o una enfermedad, y pudiera ser que en el interior del libro los haikus -por su pequeña extensión- sean lo mismo para el espíritu. Ahí está el instante, la sorpresa, el "close up" de la cámara fotográfica captando ese detalle dentro de una habitación, puede ser de un hospital o de una alcoba cualquiera.
un ave inmóvil
posada en el cableado
rama sin hojas
se anuncia la lluvia
trae el aire
olor a tierra mojada
hay olor a glicinas
y ni una sola flor
a la vista
Luis Corrales: Los mejores haikus se producen cuando el poeta de haiku deja de constatar lo evidente para empezar a percibir el misterio de lo no evidente. Un haiku éste de olores escondidos, y de una autora que descubre -como si volviese a ser una niña- que es capaz de percibir lo que no está a la vista.
gota tras gota
mar en el charco
para el barco de papel

Emiliano Martín
Pennsylvania, Estados Unidos
Pasos de atrás
de polvo atrapados
ya están dados
Luis Corrales: Un estupendo punto de partida para un haiku formulado en mi humilde opinión algo torpemente. Como si no se hubiesen encontrado las palabras exactas. Me recuerda a un haiku de Madoka Mayuzumi, haijin japonesa que realizó el Camino de Santiago hace algunos años y posteriormente publicó en Japón un cuaderno de viaje de estilo haibun a propósito de su periplo español: "La mano por visera / vi el camino que traje. / Sentí frescor".
Con sol ausente
y la falta de lluvia
duerme la hierba.
Llama de vela
derrite a su cera
con llamas de luz.

Enrique Linares
Rocafort (Valencia), España
Al escuchar
la flauta en la montaña
la brisa fresca.
Barbarroja: Me parece un haiku en toda regla, de esos que cumplen todos los preceptos habidos y por haber: sencillez formal, naturalidad, frescura, etc. Lo elegí por el cruce de sensaciones sinetésicas que es capaz de provocar en el lector. En mi opinión, sin duda alguna el mejor haiku del certamen. Mi enhorabuena, Enrique.
Maitia: Lo que me gusta de este haiku es el salto que elegantemente nos hace el autor, de la montaña a la brisa, invadiendo su lectura con una flauta, que casi puedo oír... Está lleno de armonía.
Frutos Soriano: ¡Aquí, ahora, eso pasó! ¡Un haiku!
Solo en el parque:
el roce del columpio
y un niño triste.
Jordi Climent Botella: Siempre asociamos los parques, los columpios y los niños que juegan en ellos a sensaciones de alegría, de algarabía, bullicio y actividad frenética. Pero un parque sin niños, con un columpio oxidado balanceándose ruidosamente, puede llegar a ser el sitio más solitario y triste de la ciudad.
Hubertus Thum: Melancólico, sí, pero otro telegrama poético de aquel "país inocente" tan lejano.
Duermen la niñas,
un pasodoble más
bajo el castaño.
Del viejo olivo
se columpian los niños,
les ladra el perro.
Bosque sin hojas...
un paseo en silencio
cuando atardece.
Gio: Tranquilidad, contemplación. Entrando calladamente hacia adentro... del bosque y de tí. ¿Qué pasa con esas hojas?

Félix Alcántara
Zaragoza, España
Mantel con migas.
Espero la llegada
de los gorriones.
Gio: Paciencia, expectación... El compartir con aquellos que son distintos, pero que son parte nuestra igualmente.
Raijo: Cuando la espera es expectación, y lo que cotidianamente sobra (y, por tanto, cansa) se nos revela apertura a la experiencia de la naturaleza.
Plaza desierta.
Me da un joven castaño
la bienvenida.
Elías Dávila Silva: La soledad es la más cruel de las tragedias humanas, salvo para quien no sabe sentirse así, sobre todo en las ciudades, al amanecer: los parques, las plazas y los jardínes públicos están vacíos, y los árboles parecen o dan la sensación de que hablan, de que saludan, de que escuchan, de que tienen vida y sentimientos humanos.
Mientras dormía,
con la ventana abierta,
huellas de gato.
Entre las ramas
no se ve al estornino.
Trinan las nubes.
Niños jugando.
Las piedras más bonitas
para su madre.
Frutos Soriano: Destaco esta muestra de la actual colección de Félix Alcántara, uno de los mejores jaiyines en castellano. Naturalidad, mirada sencilla.

Fernando López Rodríguez
Cartago (Valle del Cauca), Colombia
¡Ay, caballito!
¡Caballito, ay!
Cuánta soledad hay.
Graciela Chisty: La pena y la soledad se muestran pudorosamente mediante un juego de palabras y el uso de un diminutivo.
Para mí, ¡solo para mí!
Esta ascensión
de la luna llena.
Hubertus Thum: La sensación de estar totalmente solo en el mundo y de ser el único testigo de los fenómenos naturales es una de las experiencias más destacadas e inolvidables de la vida. Recuerdo el famoso waka de Ikkyû: "No hay compañero para nosotros / en el camino de este mundo ...", y Thomas Traherne, un místico inglés del siglo XVII, escribe: "The Skies were mine, and so were the Sun and Moon and Stars, and all the World was mine, and I the only Spectator and Enjoyer of it."
¿Desvelada?...
¡Y usted tan vieja!,
luna de la madrugada.
Ángel Lipizano: ¿Desvelada? Señora, ¿usted se desvela aún? Esta serie de haikus que presenta Fernando son realmente juguetones, juegan con la luna, con los caballitos y con la musicalidad del haiku, aunque no con el 5-7-5.
En un solo camino:
el sol poniente
y canto de chicharras.
Luis Corrales: Haiku veraniego y crepuscular, en la clásica tradición del caminante.
Picotea en el espejo
turpial ególatra
¿Qué hay de tu canto?

Francisco Basallote
Tomares (Sevilla), España
Vienen las olas,
caracolas de espuma,
brilla la arena.
Entre las olas
un destello de plata:
salta la lisa.
José Martel: Este haiku es tan gráfico que nos permite ver a la lisa saltando con rapidez entre las olas.
En el azul
una línea de espuma.
Rompen las olas.
Jayer: Refrescantemente sencillo.
Un rayo de sol.
Como escalera de luz
entre las nubes.
Cruje una caña
en el cañaveral.
Corre una sombra.
Luis Corrales: Excepcional. Haiku de la sorpresa, del instante inesperado. Todo ello con elementos mínimos: un crujido y una sombra. El autor no cae en la tentación de proponer un sujeto causante de la acción. ¿Qué más da? A nosotros, lectores, nos sobra con el misterio. El haiku queda abierto para siempre en el propio mundo que describe.
Frutos Soriano: Atento, el cazador de haiku ha cazado en esta ocasión... ¡una sombra!

Francisco Jiménez Carretero
Albacete, España
Ya ha florecido
el ciruelo del patio:
dos flores blancas.
Ricardo Fernández: Un haiku muy visual lleno de ternura.
Frutos Soriano: No es fácil llegar a escribir como un niño. En este haiku fresco, el autor lo consigue. Enhorabuena.
Sin hacer ruido,
como de puntillas,
partió mi madre.
Santiago Larreta: Sugerente. "Partió..." ¿para volver o ya no?
Secreto intacto:
vienen y van las olas,
nunca se quedan.
Ahora calla,
humilde como siempre,
mi anciana madre.
Frutos Soriano: Sin hacer ruido... Ahora calla... En estos haiku oímos, estremecidos, agradecidos, el silencio de tantas mujeres fuertes que nos dieron la vida.

Gio
Santiago, Chile
en alguna parte
detrás de las nubes
la luna llena
Enrique Linares: Un haiku lleno de intuición, lleno de esperanza, de certezas... En alguna parte seguro que está la luna. Excelente.
Jordi Climent Botella: Me gusta la sutileza de este haiku. En él, una luna llena que no llegamos tan siquiera a ver, brilla más que la más brillante de las luces de la ciudad. No sabemos exactamente dónde está, pero su brillo a través de las nubes la delata y nos invita a encontrarla.
Frutos Soriano: Lo hermoso de este haiku es que no se vea lo que se nombra, que se intuya y espere.
otra colilla
humea junto a la acera -
noche de otoño
Maramín: La sensación de espera queda en el aire. Se siente...
Emilce Pinazo: Instantes repetidos, siempre el asombro.
viento marino -
en las artesanías
los tintineos
Palmira: Este haiku se puede oír. Uno imagina los pequeños objetos expuestos cerca del mar y la forma que tienen de sonar cuando los agita la brisa, como instrumentos que reproducen la violencia o la suavidad del viento, como veletas que giran siguiendo sus variaciones.
Jayer: Tiernamente evocador. Una mirada de paso que se nos queda en la memoria.
Frutos Soriano: Haiku de sentidos desplegados: lo oímos, lo olemos, lo sentimos en la piel...
Luis Corrales: Muy sensorial, da gusto sentir el viento, oler el mar, escuchar el tintineo... y contemplar la escena con nuestros ojos de lector.
treinta y dos grados -
la tarde y el olor
en los vagones
hora del taco -
Sinatra y su "My way"
en el bus

Graciela Chisty
Paraná (Entre Ríos), Argentina
Gala del aire.
Más lenta que mi gato,
la mariposa.
Hachi Dori: Se abre un misterioso final. ¿La atrapó o no? Quedé a la espera...
Crecen las sombras
y desguazan las luces.
Los grillos cantan.
Cuatro paredes
para un plácido encierro:
la siesta pasa.
Sobre el alféizar,
ausente el pájaro,
sola una pluma.
Francisco Basallote: El haiku recupera en la presencia de la pluma el instante en el que el pájaro estuvo en el alféizar. La pluma es vestigio del vuelo, objeto detenido en sus versos.
Ricardo Fernández: Se siente tanto la soledad que casi pone los pelos de punta.
Arde en el viento
el final de la tarde.
Las aves migran.

Guillermo Fontes
Tenerife, España
sobre la playa
las gaviotas esperan
el desayuno
entre mis manos
las algas se deshacen:
marea baja
en un rincón
solo, solloza un niño:
afuera hay luz
sobre la mesa
la ropa ya planchada:
huele a café
Frutos Soriano: Haiku doméstico: respira orden, paz, silencio.
este mosquito
en mi vaso de vino:
no bebo solo
José Martel: Festivo y audaz haiku, donde incluso se puede suponer que también pudo tragarse el mosquito con el fin de recuperar (siguiendo a Quevedo) el vino que éste pudo haberse bebido.
Fernando López Rodríguez: Esta sobria ebriedad del haijin pilló absolutamente ebrio al mosquito fisgón. Un excelente haiku.

Gustavo Scarone
Montevideo, Uruguay
entre las brasas
un pequeño y cálido
amanecer
papel en blanco,
un beso estampado
lo dice todo
en tus manos
un puñado de nueces;
para mí, cáscaras
mágica noche,
estrellas que titilan
y yo sin lápiz

Hachi Dori
Buenos Aires, Argentina
Muro de cañas,
el viento lo atraviesa
y no se entera.
Trueno y relámpago
desgarrando la noche.
Aroma a pan.
Rayo de luna.
Revolviendo miserias
una mendiga.
Frutos Soriano: El rayo de luna centra el instante del haiku. Como el foco que ilumina a la actriz en el escenario. Actriz y obra insólitas, pero dignas de un buen haiku.
Cerezo en flor,
indiferente al frío
de los inviernos.
Alonso Ramírez: La inmutabilidad aparente de los árboles, signo inagotable de estabilidad y del aquí-ahora, es aprovechada de modo especial en este haiku. Esta vez, ante un factor de la naturaleza que para nosotros es ante todo un juicio de los sentidos, y para el árbol sólo parte de su devenir.
Copas vacías,
migajas en el suelo.
Amaneciendo.

Hernán Godoy Rojas
Caracas, Venezuela
mujer ajena
llega con tu perfume
la luna llena
Frutos Soriano: ¿Debe rimar el haiku? Haya y Bermejo sostienen que no, que la rima lo ahoga. Este es un buen poema, sin duda. Quizá quitándole la rima sería, también, un buen haiku.
huye la noche
y al paso de tu paso
despierta el bosque
gélido invierno:
en tus labios un leve
castañeteo
el viento trae
coro de guacamayos
sobre la tarde

il.balan
Ciudad de México, México
tarde nublada -
suena el claxon
de un coche amarillo
Frutos Soriano: Contraste entre la niebla, que amortigua la vista, y el color chillón del coche, completado por el sonido del claxon. Fiesta de los sentidos.
tiempo de lluvias -
los zapatos de un mendigo
hacen "ñac-ñac"
Maitia: Interesante y atrevida onomatopeya, que pone de manifiesto tanto la crudeza de ser mendigo en tiempos de lluvia, como ese sutil y elegante toque de humor a través de ella.
última estación -
las huellas de las nalgas
en los asientos
Hubertus Thum: Dejamos nuestras huellas visibles e invisibles en las cosas, las bellas y las más triviales. Este poema tiene hai-i, el verdadero espíritu del haiku, que no se manifiesta en una refinada estética como la del waka, sino, según el Shirosôshi (Librito blanco) de Hattori Dohô, "en los cuervos que van picando caracoles en el fango del arrozal".
Frutos Soriano: Haiku de haiyín puro en la atención al detalle que suele pasar inadvertido.
Luis Corrales: Un animal urbano -el ser humano- dejando su huella. Ni bonito ni feo: sencillamente verdadero.
esperando el camión -
madre, hija y muñeca
con el mismo peinado
Fernando López Rodríguez: ¿Quién impuso esa rara estética? Creo que fue la muñeca. La niña no es responsable de tanto realismo mágico. Aplausos desde Colombia para nuestro haijin mejicano.
Frutos Soriano: Provoca de inmediato una sonrisa.
Luis Corrales: Sublime senryû. Israel lo hace cada vez más fácil.
noche de estrellas -
una pelota blanca
flota en la alberca
Luelir: Puede ser una niño al que se le cayó una pelota blanca o un niño que, al ver la luna sobre las aguas, sueña con un estadio después de una tormenta.
Gio: Termina el juego con una extraña imagen: la alberca y el cielo unidos. ¿Quién ganó el juego? Quizás la luna...
Isabel Pose: En esta edición hay muchos haikus descriptivos muy buenos. ¿Por qué este me ha llegado más? Creo que es porque transmite, al margen de describir, un ambiente de paz. Hay una claridad que transmite el autor aunque esté hablando de la noche, y que va más allá de que la pelota sea blanca.
Hubertus Thum: Los reflejos, tema de creciente interés en el mundo del haiku. El cielo arriba, el cielo abajo en la alberca. ¿Y la luna? "Es tu espejo", dice Borges.
Frutos Soriano: Tiene sabor ese juntar las estrellas con el agua nocturna y... la pelota, que se convierte aquí en una pequeña luna flotando en la noche líquida.
Luis Corrales: Qué bien conseguido ese contraste blancura-oscuridad. Si es la luna esa pelota blanca, el poeta no transgrede ninguna regla del haiku: en ausencia de viento, en una pequeña alberca, la luna es -con todo rigor- una perfecta pelota blanca que flota en el agua. Si, por contra, es una verdadera pelota, qué suavemente ascienden, desde nuestra infancia, estos recuerdos: griterío, juegos, un balón despedido que se da por perdido... y que, tras caer la noche, aún flota olvidado.

India
Santa Fé, Argentina
Las mismas huellas
que dejó el caminante
hoy son mi guía.
Sale del templo
esquivando mendigos
y parte raudo.
Fiesta en la casa.
El anciano, prudente,
cena en su cuarto.
Santiago Larreta: Es algo real. La duda es si el prudente es el anciano o quien cuida de él.
Frutos Soriano: Muy bien captado el detalle. Este es uno de esos haikus que con pocas palabras expresan toda una forma de vivir, de haber vivido.
Luis Corrales: Menos dramático que el haiku de Camila hace dos ediciones, conserva parte del encanto.
Ya van diez años
que ella recorre el puerto
cada mañana.
Abrió la puerta
y el tiempo se esfumó
...su hijo ha vuelto.

Inés Gallardo
Buenos Aires, Argentina
sobre los lirios
al sol se balancea
la mariposa
Elías Dávila Silva: El aquí y el ahora: Una verdadera fotografía poética, innegable la imagen captada por el lente de alta sensibilidad en la autora: Sin más, un momento de apreciación con un alto grado de configuración. Poema que se puede apreciar con un sólo golpe de tiempo, espacio y lugar.
con un saltito
abandona la rama
un gorrioncillo
Frutos Soriano: Buena utilización del diminutivo. En el tercer verso yo hubiera puesto “el”, en lugar de “un”. No repetiríamos palabra en un poema tan corto y se le daría mayor protagonismo al pajarillo.
una paloma
en la verde palmera
su pico asoma
este sol nuevo
viste de hermosura
la blanca playa
en la mañana
mancha el cielo azul
pájaro negro

Inés Villán
Baleares, España
saltan las gotas
ligeras trapecistas
de hoja en hoja
el sol delata
el rastro brillante
de un caracol
Jayer: La huella y el destello, lo que pasa y lo que queda, unidos lentamente.
Katzu: Delicadeza y evocación. La luz inunda la brillantez del silencio y el resplandor se posa sobre el misterio. Serenidad, sorpresa, intensidad y color nos ofrece la intimidad de este sutil haiku.
Hachi Dori: Rememoré mis días de infancia. Seguir la senda del caracol bajo el reflejo de la luna. Muy bien captado y transmitido.
atardecer
un resplandor de ocaso
sigue en el agua
Frutos Soriano: Me encanta este haiku, que yo definiría como meditativo.
noche cerrada
van pasando las luces
ventana abajo

Isabel Pose
Madrid, España
cayó la noche -
sus manos llenas
de flores blancas.
Gio: Ternura, contraste. Las flores blancas ofrecidas desde aquellas (esas) manos... en la noche. Quizá fuera "cae" otra posible conjugación, pero resulta igualmente íntimo.
el cristal sucio
de enero con su escarcha -
nieva lentamente.
mojan su cara
lágrimas y la lluvia -
él, con paraguas.
Jorge Moreno Bulbarela: Una estampa romántica hecha haiku.
Virgili: Muy sugerente. Su desarrollo podría dar lugar a tema para varias novelas. Un haiku para perderse en él.
Ángel Lipizano: ¿Habrá acaso un paraguas que se pueda poner bajo los ojos, como cuando uno sabe que va a llover? En tiempos de lluvia uno sale con paraguas a la calle, pero habrá acaso algo para los ojos llorosos? Alguna vez, algunas personas, en algunos instantes han aprovechado la hermosura de la lluvia para cubrir las lágrimas. ¿Lágrima o gota de lluvia? Realmente me gusta este haiku.
Luis Corrales: Curiosa historia en tres versos la de esta pareja bajo la lluvia.
la blanca luna...
y los ojos del soldado
sobre los charcos.
en la noche que hiela
las duras hierbas
y el alma mía.
Luis Corrales: Emocionante el giro nada convencional de este haiku a la altura del tercer verso, casi cuando toca a su fin. El "yo" está muy presente, sí, pero es una soledad o melancolía que Issa o Santôka también expresaron a su manera. Aquí hay un sabor muy propio y un quejío casi de seguiriya flamenca.

Javier Díaz Gervassini
Huelva, España
la lagartija
reposa en la hojarasca
¡uy, ya no está!
tarde estival
el ventilador gira
fresco caliente
la buganvilla
trepa por la pared
esconde nidos

Javier Ferrer
Valencia, España
El mar descansa.
La luna lo ilumina.
Se oye un grillo.
Por la mañana
todavía se oyen
gotas de invierno.

Jayer
Rawe Alto (Osorno), Chile
El niño ríe
en sólo cuatro dientes
tu propia risa.
Sobre la barra
mordida por su boca
una manzana.
Hubertus Thum: Conocer en la huella del mordisco de una manzana la boca que la dejó: todo cuanto se podría escribir sobre intimidad y sensualidad está expresado en estas pocas sílabas.
Frutos Soriano: Es "su boca" lo que hace atractivo este haiku, esta manzana.
La luna nueva
con el resto del círculo
sobre su luz.

Jordi Climent Botella
Barcelona, España
aguas azules
se sumerge el albatros
en sus tinieblas
Raijo: Al fondo de lo azul y del agua, lo oscuro. Y la vida, sondeando siempre la quietud de lo que se ve, de lo que se nombra.
el pescador
ante la luz del alba
olvida el cebo
Félix Alcántara: Supone un placer inmediato la lectura de este haiku portentoso. Destacaría la comparación interna entre el pescador y el alba, pero la ejecución total del poema es ejemplar.
Jorge Braulio: Quizás haya sido apenas un instante. Mas toda iluminación, no importa cuán breve, se eterniza...
no tiene a nadie
obsequia a las palomas
migas y lágrimas
Inés Gallardo: Un sentimiento de tristeza y soledad, en breves palabras.
Virgili: Concentrado, expresa tantos sentimientos: pena, soledad, compasión, comprensión y hasta una nueva amistad que puede llevarse volando las penas.
noche sin luna
sobre su propio vómito
duerme el borracho
Enrique Linares: Más que un haiku feista es una descripción en 17 sílabas de la decadencia humana. Negra noche sin luna para un buen haiku.
Frutos Soriano: Tremendo. Y, a la vez, compasivo. Nadie atiende al borracho, excepto el jaiyín, que lo hace protagonista de su poema.
constante
el fluorescente
crepita

Jorge Braulio
La Habana, Cuba
Rallo en silencio
el par de zanahorias
Relampaguea
Jorge Moreno Bulbarela: Un fino manejo de la técnica del kakekotoba o palabra eje.
Mavi: El sonido de rallar y la luz del relámpago. El movimiento de la mano que prepara la verdura y el comportamiento de la tormenta. Demasiadas veces sentimos que nuestros pequeños gestos cotidianos están desconectados del mundo... Pero esta vez no.
Momiji: Me encanta. Estar en lo que estás. Pelando zanahorias en silencio, en este preciso instante. Un instante que remarca la naturaleza con un súbito relámpago. Qué bueno.
Hubertus Thum: Lo grande y lo pequeño. ¿No es lo pequeño tan significante como aquello que solemos llamar grande?
Frutos Soriano: Haiku de las tareas cotidianas. Sabor zen. Pureza.
Luis Corrales: Haiku que parte del silencio, del cual emana el resto de sonidos (el rallar la zanahoria, el trueno). Defendía Robert Bresson, cineasta francés, la ausencia de música en sus películas con las palabras "nada de música en absoluto; es preciso que los ruidos se conviertan en música". La música del silencio y de lo no dicho es sólo una de las cualidades de este inagotable poema.
Un trueno basta
Volvieron los cachorros
a su regazo
José Martel: El poeta sugiere con este haiku que el miedo no es exclusivo de los cachorros, sino que también es propio de los humanos, incluso de los valientes que procuran impedir que éste les domine.
Frutos Soriano: Tierno, irónico, divertido.
Rocío nocturno
-Gluglú- dice la tierra
y le doy más
Sólo una garza
Crepúsculo en el monte
incinerado
Roza sin ruido
la rama del jagüey
su propia sombra

(Jagüey: Ficus crassinervia. Gran árbol americano perteneciente a la familia de las Moráceas)
Francisco Basallote: Detenemos la mirada en la escena, la brisa apenas mueve la rama en el espacio definido por el árbol, la quietud del momento queda trascendida en el haiku.
Fernando López Rodríguez: Hay sacralidad en este haiku. Sabi (soledad y quietud). La palabra "jaguey" tiene una carga poética interesante. Quisiera ser abrazado por esa sombra. Felicitaciones desde Colombia.
Luis Corrales: Poema de tropical cadencia, delicado, muy sutil, como muchos otros de su autor.

Jorge Moreno Bulbarela
Xalapa, México
Puente de piedra,
monarcas y monarcas
cruzan el cielo.
Mavi: Cruzan sobre el puente y sobre el río por un camino invisible que ellas conocen. No se nos dice si se van o si regresan. No importa realmente, porque la gracia de este haiku es que no parece que las mariposas vayan a acabar nunca de cruzar.
Isabel Pose: Esa repetición de la palabra "monarcas" creo que es lo que lleva a que este haiku sea algo más que descriptivo, si bien te lleva a ver lo que emocionó al haijin, esa repetición te hace sentir lo que le emocionó...
Fernando López Rodríguez: El río lo veo en el cielo: un vuelo hecho caudal. En la imagen del haiku no encuentro agua bajo el río. Pero igual hay frescura. Felicitaciones.
estanque
en la orilla sin migas
los zapateros

(zapateros: arañas de agua)
deshoje -
y esas libélulas
elevándose juntas
Luis Corrales: Hojas que caen y libélulas que se elevan. El misterio del instante impreso en los ojos atentos del haijin.
rizos caídos
en la peluquería,
ventilador
Hubertus Thum: Unos rizos cortados, un ventilador, una tarde calurosa de verano; y experimentamos la misma sensación de la futilidad de las cosas como el caminante en el sendero, cuando "las hojas huyen en bandadas".
penúltima estación
otra vez solo
el conductor
Palmira: Aunque no sabemos si se trata de un tren -podría ser un autobús urbano- , lo interesante es la alusión al final del trayecto, que suele estar en las afueras de las ciudades. El haiku capta muy bien esa imagen de soledad (el conductor acaba solo el viaje) y desolación (al lugar al que se dirige no va nadie).
Hubertus Thum: Como otros tantos ejemplos de La Pizarra, no es un haiku en el estricto sentido de la palabra, sino lo que James Kirkup ha definido como haikuesque poem, poema que muestra las calidades y el espíritu del haiku sin imitar servilmente sus reglas. Sin embargo, da en el clavo: la soledad de la "penúltima estación"...
Frutos Soriano: Me ha parecido buenísimo desde la primera lectura. Soledad, intimidad, paz, melancolía...
Luis Corrales: La soledad, "otra vez", urbana y humana.