tarde nublada -
suena el claxon
de un coche amarillo
Frutos Soriano:
Contraste entre la niebla, que amortigua la vista, y el color chillón del coche, completado por el sonido del claxon. Fiesta de los sentidos.
tiempo de lluvias -
los zapatos de un mendigo
hacen "ñac-ñac"
Maitia:
Interesante y atrevida onomatopeya, que pone de manifiesto tanto la crudeza de ser mendigo en tiempos de lluvia, como ese sutil y elegante toque de humor a través de ella.
última estación -
las huellas de las nalgas
en los asientos
Hubertus Thum:
Dejamos nuestras huellas visibles e invisibles en las cosas, las bellas y las más triviales. Este poema tiene hai-i, el verdadero espíritu del haiku, que no se manifiesta en una refinada estética como la del waka, sino, según el Shirosôshi (Librito blanco) de Hattori Dohô, "en los cuervos que van picando caracoles en el fango del arrozal".
Frutos Soriano:
Haiku de haiyín puro en la atención al detalle que suele pasar inadvertido.
Luis Corrales:
Un animal urbano -el ser humano- dejando su huella. Ni bonito ni feo: sencillamente verdadero.
esperando el camión -
madre, hija y muñeca
con el mismo peinado
Fernando López Rodríguez:
¿Quién impuso esa rara estética? Creo que fue la muñeca. La niña no es responsable de tanto realismo mágico. Aplausos desde Colombia para nuestro haijin mejicano.
Frutos Soriano:
Provoca de inmediato una sonrisa.
Luis Corrales:
Sublime senryû. Israel lo hace cada vez más fácil.
noche de estrellas -
una pelota blanca
flota en la alberca
Luelir:
Puede ser una niño al que se le cayó una pelota blanca o un niño que, al ver la luna sobre las aguas, sueña con un estadio después de una tormenta.
Gio:
Termina el juego con una extraña imagen: la alberca y el cielo unidos. ¿Quién ganó el juego? Quizás la luna...
Isabel Pose:
En esta edición hay muchos haikus descriptivos muy buenos. ¿Por qué este me ha llegado más? Creo que es porque transmite, al margen de describir, un ambiente de paz. Hay una claridad que transmite el autor aunque esté hablando de la noche, y que va más allá de que la pelota sea blanca.
Hubertus Thum:
Los reflejos, tema de creciente interés en el mundo del haiku. El cielo arriba, el cielo abajo en la alberca. ¿Y la luna? "Es tu espejo", dice Borges.
Frutos Soriano:
Tiene sabor ese juntar las estrellas con el agua nocturna y... la pelota, que se convierte aquí en una pequeña luna flotando en la noche líquida.
Luis Corrales:
Qué bien conseguido ese contraste blancura-oscuridad. Si es la luna esa pelota blanca, el poeta no transgrede ninguna regla del haiku: en ausencia de viento, en una pequeña alberca, la luna es -con todo rigor- una perfecta pelota blanca que flota en el agua. Si, por contra, es una verdadera pelota, qué suavemente ascienden, desde nuestra infancia, estos recuerdos: griterío, juegos, un balón despedido que se da por perdido... y que, tras caer la noche, aún flota olvidado.