Publicado: 30/May/2011 00:11 |
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Pregona el firmamento
las obras de tus manos,
y en mi escribiste un libro de tu ciencia;
tierra, mar, fuego, viento,
publican tu potencia,
y en todo cuanto veo
me dice que te ame
y que en tu amor me inflame;
mas mayor que mi amor es mi deseo.
Mejor que yo, Dios mío, lo conoces;
sordo estoy a las voces
que me dan tus sagradas maravillas
llamándome, Señor, a tus amores:
¿ quien te enseñó, mi dios, a hacer flores
y en una hoja de entretalles llena
bordar lazos con cuatro o seis labores ?
¿ Quien te enseñó el perfil de la azucena ?
o quien la rosa coronada de oro,
reina de los olores,
y el hermoso decoro
que guardan los claveles,
reyes de los colores,
sobre el botón tendiendo su belleza ?
¿ De que son tus pinceles,
que pintan con tan diestra sutileza
las venas de los lirios ?
La luna y el sol, sin resplandor segundo,
ojos del cielo, lámparas del mundo,
¿ de donde los sacaste,
y los que el cielo adornan, por engaste
albos diamantes trémulos ?
¿ y el que buscando el centro tiene, fuego, claro desosiego ?
¡ y el agua, que, con paso medio humano,
busca a los hombres, murmurando en vano
que el alma se le iguale en floja y fría ?
¡ y el qjue, animoso, al mar lo vuelve cano,
no por la edad, por pleitos y porfía,
viento hinchado que tormentas cría ?
Y ¿ sobre qué pusiste
la inmensa madre tierra,
que embraza montes, que provincias viste,
que los mares encierra
y con armas de arena los resiste ?
¡ Oh altísimo Señor que me hiciste !,
no pasare adelante,
tu poder mismo, tus hazañas cante.
Pedro de Espinosa, Salmo
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