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Responder al tema Febrero 2017
Febrero 2017
Mavi
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Murcia, España
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Responder citando
Enhorabuena a l@s compañer@s, de todo corazón. La calidad y la corrección son tan altas que he acabado escogiendo estos haikus sólo por una cuestión de predilección personal. Podría haber escogido cualquiera de cualquier autor/a y habría sido igualmente merecidísimo.


Cabeza gacha...
Perro y pastor comen
frente a los trigos.

Me es imposible, en este haiku de Carmen Conesa, no imaginar los trigos maduros, esas espigas a las que, como díría José Antonio Muñoz Rojas, les pesa la cabeza. Come el hombre su pan en hermandad con el perro. Sus cabezas gachas en un paisaje de trigos. Hay algo religioso e inocente en este haiku. Todo se inclina ante la inmensidad. Todo bendice y todo está bendito.


alboreando;
sólo se oye el roer
de la carcoma


Alboreando. Cuánto sabor campesino en ese primer verso de José Antonio González, qué ventana fresca al despertar del mundo. La luz que va creciendo al sonido de la carcoma, la conciencia que se abre a los primeros sonidos y escucha, solamente, el laborioso raspar en la madera. Como si el alba prorrogase porque sí el quehacer de algunos seres y el descanso de otros.


Con sámaras de olmo
ha hecho su nido
el trepador


¿Con qué harán los pajaricos trepadores sus nidos? Si quisiera mirar como una niña, diría que los nidos se hacen al menos con tres cosas: con intención de poner huevos, con sabiduría y con lo que haya a mano. El trepador que ha visto Mary Vidal ha hecho su nido con sámaras de olmo. En verdad su haiku es tan preciso que lo contiene todo. Y es que hay que mirar como miran los niños pero nunca fingir lo que no somos.


Un conejo roe
la hierba iluminada –
Almendro en flor


Partida, se arquea
una larva de libélula -
Tarde calurosa


No puedo elegir entre estos haikus de Gorka. Embelesa el primero entroncando con una sacralidad arcaica y refinada por igual; el segundo -que llamaré además “cruel”- nos obliga, nos sujeta el rostro. El conejo se come la luz: y la luz entra en él y dice vida. La larva rota se arquea: y la luz entra en ella y dice muerte. Pero la luz no se contradice. Solo el corazón siente vida y muerte como cosas opuestas.



margen de río;
se va cargando leña
un aldeano


Escrito con la naturalidad de la expresión coloquial, este haiku de Destellos recuerda las pequeñas figuras de los grabados de Hokusai. Se va el aldeano con su carga y el tiempo se mide en la cadencia de sus pasos. Mientras se aleja haciéndose cada vez más pequeño, va fundiéndose con el paisaje del que vino y al que pertenece.


Olor a pino-
Surge de la espesa niebla
un petirrojo


Olor, humedad sin forma, movimiento repentino que se vuelve pájaro… Una mezcla que produce una explosión en los sentidos. Deja una huella muy profunda este haiku, relacionada quizá con esos colores que se suceden en un orden acorde a las impresiones: verde, blanco, rojo… Lo ha escrito Piluca C.P. pero podría haberlo escrito Buson.



Huele a azufre
por las calles de ginkgos-
Luz de tormenta


Este haiku de Panda tiene una fuerza extraordinaria. Hay que ser muy intuitivo para mezclar el azufre con cualquier cosa hermosa y que la mezcla no resulte desafortunada. Por extraña que parezca, esa unión en el haiku alcanza una verosimilitud pasmosa. Es la fuerza de lo real empoderándose en las palabras que se buscan entre sí.


nieva sin cuajar;
bajo el pino un palomo
hace la rueda


Qué verso, qué primer verso en este haiku de Mercedes Pérez. Ha de explicar la haijin que hacer la rueda es el cortejo del palomo en derredor de la hembra. Entendido el sentido, una comparación interna viene a establecerse con sutileza. Nieva sin cuajar y el palomo describe una trayectoria sin huella. Nieve y círculo cuajan sólo en la mente de quien lee.



Cielo estrellado,
se curva la hoja
bajo la escarcha.


Cantan los grillos -
y en el inmenso cielo
todo es silencio.

Haikus ambos de intensidad cósmica, nos introducen en lo más hondo de la experiencia nocturna. La hoja de Hadaverde se curva bajo la humedad que cristaliza en hielo, estrellas diminutas bajo la bóveda oscura donde brillan los astros. Los grillos de Radoslav cantan y, sin embargo, su canto amplifica el silencio del cielo nocturno. Asombra cómo se ve lo invisible o se oye lo inaudible en la entraña de la noche.


Luz del ocaso -
Entre los juncos secos
unas burbujas...


La luz que se extingue, los juncos secos. Y entonces JL Vicent las ve y las señala: esas burbujas que salen a flote, indicio solo de lo invisible, innombrable y, sin embargo, algo. Se dice lo que se sabe, se muestra sin nombrar lo que se ignora. Y aquello se escabulle sin llegar a ser otra cosa que un fluir de burbujas al llegar la noche.



El relámpago
ha alumbrado sus caras -
flor de almendro


Qué impacto tan japonés tiene este haiku de Hikari. Un fogonazo en el cielo ha iluminado sus caras. Parece una escena de hanami nocturno. Con el relámpago también se alumbra otra “cara”: la de la flor o flores del almendro. Todo es asombro silencioso y sincero. A veces un haiku es la forma en que un estremecimiento mudo llega milagrosamente a las palabras.


Abracicos y muchas gracias de nuevo a tod@s, compañer@s_()_

La selección ha sido parcialmente publicada en Facebook: https://www.facebook.com/1694859550736589/photos/a.1740246209531256.1073741840.1694859550736589/1802223596666850/?type=3&theater

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"La verdad es una tierra sin senderos". Jiddu Krishnamurti
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